El entorno ideal para los emprendedores juveniles

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“Me quería ir de viaje con amigos a Perú a surfear y se me ocurrió vender algunas tortas para recaudar algo de plata. Creé una página en Instagram y comencé vendiendo tortas”, cuenta Milagros Giménez (@Mil_cakes), joven de 20 años. Milcakes es el nombre que le dio a su marca de tortas caseras que nació hace 1 año y medio y ya tiene 3.800 seguidores.

Cada vez son más los jóvenes que buscan crear una historia parecida a la de Milagros y que eligen Instagram para desarrollar sus emprendimientos. Esta aplicación, que surgió en 2010 con el propósito de publicar fotos y videos de 6 segundos, creció masivamente hasta lo que es hoy: una red donde se pueden publicar álbumes de fotos, videos de un minuto, historias que duran 24 horas, live streams y lo que se conoce como Instagram TV (plataforma donde se suben videos de hasta 1 hora que permanecen un día entero online).

“Este fenómeno comenzó años atrás con Facebook. Instagram repite el suceso y desde su nacimiento está explotando”, comenta el CEO de Brand PR Argentina, Luciano Klobousek. A diferencia de otras aplicaciones que decayeron con el tiempo, Instagram, 8 años después, sigue teniendo primacía tanto en el entretenimiento como en el comercio.

El rango de edad de la mayoría de los emprendedores va de 18 a 30 años, según explica Klobousek. Muchos son estudiantes que, mientras cursan la carrera, buscan una manera rápida y efectiva de generar ingresos. “Hoy en día, todos los jóvenes tenemos una gran ventaja respecto de generaciones anteriores. Redes como Instagram nos dan la posibilidad de arrancar un emprendimiento sin necesidad de grandes inversiones ni gasto de capital, nos permiten hacerlo gratuitamente, sin mencionar el gran alcance que se logra en poco tiempo”, reconoce Nicolás Heili, creador de la marca Mates Palo Cruz (@matespalocruz en Instagram), que en solo 5 meses llegó a tener 58 mil seguidores.

Si bien muchos toman la iniciativa con el fin de obtener ganancias, también existen aquellos que empiezan por placer, sin buscar el éxito económico. Tal es la historia de Carmela Bustelo, una joven de 22 años que tras sufrir cáncer comenzó a diseñar turbantes para uso propio, y terminó creando una marca que actualmente cuenta con 19.500 seguidores. “No tuve que promocionar la cuenta. La creé, me fui a dormir y al despertarme al día siguiente tenía 1500 seguidores. Había subido a mi perfil una foto contando mi historia y eso hizo que se expandiera y figuras conocidas lo comentaran. Básicamente, se hizo publicidad solo”, confiesa Carme.

Carme Bustero, la emprendedora de la marca “Las Cholas”, luce uno de sus
pañuelos estampados y cuenta que solo organiza showrooms cuando le prestan casas o
lugares.

Algunos de los emprendedores juveniles diseñan y fabrican sus propios productos, otros optan por contactar a proveedores y revender. Micaela Pérez Terron, creadora de la marca Otidi (@Otidibikinis), por ejemplo, selecciona las estampas, diseña los trajes de baño y los deriva a un taller para después sacar los productos a la venta. Cuenta que su desafío principal fue el diseño de las bikinis: “No tenía mucha idea de indumentaria ni de tendencias y me daba miedo la primera producción. Le pedí ayuda a mi hermana y entre las dos seleccionamos estampados y colores de las primeras 100 bikinis. Gracias a Dios puedo decir que no me fue difícil, lo único que necesité fue un catálogo de mil estampas y elegir tan solo 6”.

A la hora de pedir consejos, muchos recurren a familiares o amigos, no tanto al asesoramiento profesional. Cuando se trata de obtener datos específicos sobre la oferta y demanda del mercado elegido, buscan información de internet y la analizan basándose en sus conocimientos. Lucas Alvarez, joven de 21 años, creador de Zion Remeras (@Zion_club_, 7.618 seguidores), dice: “Nadie me asesoró, investigué, estudié y conseguí experiencia a lo largo de varios días profundizando en el tema. La mayoría de lo que aprendí fue por internet. Me ayudó mi padre para comprar la máquina para estampar las remeras”.

Al principio, eran pocos los que promocionaban sus productos por la aplicación y la competencia era escasa, pero a medida que se fue popularizando, la oferta creció hasta el punto de que se hizo necesario implementar estrategias para captar la atención deseada y destacarse del resto. “Aquellos que venden a través de Instagram deben respetar una proporción: hay que dar contenido, entretenimiento y conocimiento. Hay que ser coherente y medido en la cantidad de publicaciones que uno hace para vender y los contenidos extras que le das a la gente que te sigue. Si solo usás el canal para vender, los followers se aburren y se pierden”, explica Luciano.

A diferencia de plataformas como Mercado Libre, OLX, Ala Maula etc., Instagram no es un canal de venta directa, sino que es un medio de publicidad, donde es necesario crear una imagen para poder vender. La función es exclusivamente publicitaria y busca, a través de la estética y la interacción, atraer al consumidor lo suficiente como para que quiera redirigirse al call to action (link a la página de transacción) e ingresar a la página de venta online.

“Las redes son una gran herramienta para comunicar, pero si no sabes lo que querés comunicar, ni cómo, o si la estética de tu feed es confusa y tus fotos son pésimas, no vas a triunfar. Manejar las redes sociales es realmente un trabajo que hay que hacer a conciencia y con un objetivo bien definido y que lleva bastante tiempo”, opina Paula Dillon, micro- emprendedora de Dillon Buenas Artes (@dillonbuenasartes.ceramica, en Instagram), que se dedica a la producción de objetos de cerámica y brinda talleres.

Además de la estética y la actividad continua, la interacción con los seguidores es un factor clave para sobresalir en el mercado. El periodista y comunity manager Claudio Regis aconseja una buena relación con los seguidores y agrega: “Por ejemplo, si la gente comparte tu perfil porque le gusta lo que vendés y mostrás, entonces te ahorrás todo el dinero que significaría contratar un sponsor”. Una forma de lograr difundir un perfil sin gastos publicitarios son los sorteos, donde los interesados deben seguir y compartir la publicación para tener oportunidad de ganar.

En contraposición al entusiasmo de los jóvenes con esta nueva implementación de las redes, algunas voces advierten que la tendencia podría caducar. “En el año 2000 los garajes de autos en Argentina se convirtieron masivamente en canchas de paddle. Llegó a haber 10.000 solo en Capital Federal. Duraron 5 años. Hoy puede llegar a haber solo 100 en toda la Capital, el resto se reconvirtió. Esto es lo mismo. Es un boom al comienzo; cuando hay muchos, es la etapa de declive”, explica Klobousek.

El publicista agrega que los emprendedores “deben tener más precauciones ahora que antes. Hay que medir todo lo que dicen en la web. Las redes llegaron para potenciar la comunicación. Antes, podía llegar a demorar todo un día en darse a conocer un tema importante: hoy en 5 minutos ya hay mil comentarios”.

Por otro lado, Regis sostiene que es imposible saber qué va a pasar con este movimiento, porque es dinámico. Opina que “las aplicaciones pueden caducar, es decir, Instagram puede dejar de tener la importancia y vigencia que tiene, pero el fenómeno de vender en las social media no se termina”.

Crear una imagen de marca y una buena reputación online no es cosa de un día, pero utilizando las estrategias adecuadas y dedicación se puede lograr un negocio efectivo. Regis afirma: “Las redes mutan y el público migra, por eso lo fundamental es el contenido y atraer a los usuarios, para que sigan a la marca sin importar el medio en el que se manifieste”.

Por: María Sol Gancedo, Milagros Filippini, María Valentina García Dillon

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