Durante el 2020 la contaminación del aire en la Ciudad de Buenos Aires disminuyó un 50%

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La baja actividad humana, la reducción del uso de transporte tanto privado como público y la interrupción de la actividad fabril contribuyeron a que tuviéramos el aire más limpio de los últimos treinta años. Ahora que estamos volviendo a la normalidad, ¿seguirá igual?

Nos estamos acercando a la fecha que conmemora un año desde el comienzo del aislamiento obligatorio por la pandemia del COVID-19 y desde entonces muchas cosas cambiaron.  En la Ciudad de Buenos Aires, según informó el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible por el aislamiento social hubo una caída de casi el 50% de la contaminación del aire en la Ciudad de Buenos Aires.

Actualmente la Ciudad cuenta con una Red de Monitoreo del Aire y Ruido para controlar la contaminación ambiental del entorno urbano. La misma tiene distintas estaciones ubicadas en Parque Centenario, Palermo, La Boca y Córdoba que hacen un seguimiento de aquellos contaminantes que afectan el aire de la ciudad. Ellos son: Monóxido de Carbono (CO), Óxidos de Nitrógeno Totales (NOx), Dióxido de Nitrógeno (NO2) y Material Particulado menor a 10 micrones (PM10). 

Efecto cuarentena 2020 -Componentes en el periodo enero-abril 2020/ Fuente:Andrea Olmos.

Giselle, una de las especialistas que trabaja en el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible de la Nación, en el sector de Calidad de Aire, aseguró que “todos los contaminantes que se miden tienen algo especial: algunos particularmente afectan lo que es la visibilidad; y otros son significativos porque ingresan al sistema respiratorio y pueden quedar en la sangre. Todos son relevantes”. Según la Organización Mundial de la Salud las fuentes de contaminación del aire exterior están más allá del control de las personas y requieren medidas generales por parte de las ciudades. 

Un estudio realizado por la Secretaría de Ambiente de la Ciudad de Buenos Aires, a través de la Agencia de Protección Ambiental (APrA), entre el 20 y 25 de marzo, demostró una mejora considerable en la contaminación del aire porteño, en comparación con los valores expuestos en el primer cuatrimestre del año 2019. En los siguientes esquemas podemos comparar los valores de un mismo día de forma interanual con respecto al contaminante Monóxido de Carbono (CO2), en la estación ubicada en Parque Centenario. 

Según el informe de la Secretaría, todos los valores de 2020 están por debajo de los límites fijados por la Ciudad, e incluso por debajo de los niveles aconsejados por la OMS. La reducción en todos estos parámetros se debe, sobre todo, a la disminución del tráfico vehicular. “Los que están asociados directamente al tránsito vehicular, a la quema de combustible fósil, son los que más se redujeron por el simple hecho de que toda la parte industrial, y de la vida diaria del desplazamiento de un lugar a otro, se redujeron ( y más en una ciudad tan grande como la capital)”, explica Giselle.

Tráfico en la Ciudad de Buenos Aires

Si bien estos valores son significativos e impresionan a gran parte de los especialistas del área, no sabemos hasta cuándo va a durar. “Muchos contaminantes tienen un tiempo de vida muy corto, pero otros muy largo, entonces no se puede saber si esta reducción de los niveles de contaminación van a generar algún cambio en el clima. Más allá de que pasaron pocos meses para ver una reacción notoria, la capital está volviendo a la vida normal” comenta Giselle. 

Con la evolución de la pandemia, los decretos del Presidente Alberto Fernández a comienzos del 2020 van perdiendo cada vez más fuerza. Con las aperturas progresivas y mayores habilitaciones, la vida cotidiana está volviendo a su curso normal por lo que las suposiciones de Giselle no están tan alejadas de la realidad. Ahora queda preguntar, ¿qué se puede hacer para que estos niveles bajos se mantengan? ¿Hay alguna medida para contrarrestar esta situación?

TRATADO DE PARÍS

Sin embargo, la realidad no es tan negativa como parece. Desde el gobierno nacional se están impulsando proyectos y acuerdos con el fin de tomar medidas contra la contaminación que tanto afecta al mundo entero. Giselle explica que “el hecho de que se pongan instrumentos de medición da la pauta de que hay un proyecto grande gestándose en el país. Además se están haciendo complementos para obtener una reducción de lo que son los gases de efecto invernadero y contaminación del aire según el Acuerdo de París.

Dicho tratado agrupa a todos los países en una causa común: realizar los esfuerzos necesarios para revertir el curso actual del calentamiento global. Impulsado desde la Organización de las Naciones Unidas, se logró un pacto histórico en la lucha contra el cambio climático para acelerar e intensificar las acciones e inversiones destinadas a construir un futuro sostenible con bajas emisiones de carbono. “Tiene que ver con cómo los países toman decisiones frente al cambio climático, y cómo se comprometen a una reducción de diferentes contaminantes para poder llevar a cabo un efecto del cambio climático para el mundo”, agrega Giselle. 

Argentina forma parte del tratado desde el año 2016, momento en que el acuerdo entró en vigor. A partir del mismo, llevado a cabo por el Gabinete Nacional de Cambio Climático (GNCC), empezó un proceso de revisión de las contribuciones a nivel nacional, con una propuesta en la que participan todas las carteras de la Administración Pública Nacional, las jurisdicciones a través del Consejo Federal de Medio Ambiente (COFEMA) y todos los actores interesados y la sociedad civil.

De cara a la agenda 2030, las Naciones Unidas tiene como idea central fomentar el desarrollo sostenible, entendido como la fusión entre el crecimiento económico, la inclusión social y la sostenibilidad ambiental. Es una agenda que tiene como objetivo implementar estrategias de cambio que reorienten el desarrollo de los países hacia un paradigma centrado en dicha sostenibilidad.

El mundo entero se encuentra bajo la amenaza inmediata de la degradación ecológica, el cambio climático y las prácticas de comercialización explotadoras que no favorecen a nadie. “Tenemos una gran oportunidad de hacer las cosas bien, de que la sociedad entera tome conciencia de los efectos de la contaminación a largo plazo, de que las cosas verdaderamente cambien y, en consecuencia, mejoren para todos, sobre todo para las generaciones más jóvenes”, concluyó Giselle. 

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