Discriminación en los boliches: cada cual atiende su juego

Luces verdes, rojas, violetas y amarillas giran como los zapatos y plataformas de los tan arreglados sujetos que bailan en las pistas “no exclusivas”. Son de esas luces que si te pegan en los ojos te encandilan por un rato, pero te sumergen, sin previo aviso, en lo que va a ser el resto de tu noche. Una blanca y parpadeante luz ilumina esta vez un poco más a ese apartado y elevado sector y deja al descubierto las intenciones de todos los chicos que, aburridos, están ya hace un rato con los brazos apoyados sobre la baranda del sector VIP. Las bocas se veían perfectamente inmóviles, pintadas. Parecía que el pincel sabía que eran casi las tres de la mañana y que seguían pasando música electrónica. Los hombros de todos aquellos chicos ya estaban asfixiados y los dedos que recubren la metálica y brillante baranda empiezan a sudar un poco. Lo único que hacen es mirar desde arriba la pista. Buscan. Los ojos bien atentos y moviéndose de un lado a otro. El resto del cuerpo parece sordo, salvo por la puntita de los pies de algunos que no pueden evitar marcar el tiempo contra el suelo.

En Kika, Honduras 5339, entran mil doscientas personas. Hay que tener ganas de ir y buscar entre tanta gente. Las mesas en el VIP son las que se adueñan del sector exclusivo, están aproximadamente entre los 5 mil quinientos y los 8 mil pesos y se venden generalmente a grupos de jóvenes hombres. La mesa viene acompañada con su precio en alcohol, el cual varía según la ubicación de la mesa dentro del VIP. También suelen utilizarse para cumpleaños y, según cuentan los públicas, es para lo único que la puede llegar a pedir, muy de vez en cuando, una chica. “¿Vos te pensás que 10 hombres van a poder tomarse todo el alcohol que tiene la mesa? Es para invitar a las chicas”, agrega Federico Villaggi, organizador de L’arc y Velvet.

Las mujeres aspiran al VIP gratis. Mejor dicho, todos aspiran al VIP gratis pero “siendo mujer es mucho más fácil conseguir un vip porque los publicas son todos hombres. Les hacen ojitos y listo. A un pibe no le van a dar salvo que sea muy amigo”, dice Ariel Ptacinsky, ex pública de Kika y ahora pública de Rosebar y Brook. Sin embargo, la posibilidad o no del vip no es lo único que se diferencia entre ambos géneros. Aquí se destacan también el valor de la entrada luego del horario para pasar gratis y la franja horaria del mismo (cuestiones que también depende de cada boliche).

Según Ptacinsky, que es relacionador pública desde hace 17 años, hay más franja horaria para las mujeres porque estas tardan más en arreglarse y también por la propia necesidad que tiene el boliche de que asistan las mujeres. “Un hombre no va a ir un boliche vacío. En cambio, si una mujer va a bailar, es muy probable que vaya a bailar. Es raro que el hombre vaya a bailar estando de novio”. Bajo estos mismos criterios, la diferencia en la entrada también reside en que la mujer gasta mucha más plata en ropa, peluquería y en el taxi de ida y vuelta mientras que el hombre gasta en alcohol –aparentemente una de sus únicas prioridades aparte de ir a buscar mujeres para conquistárselas- porque puede volverse tranquilamente caminando o en colectivo. Parece que todo está compensado. Qué considerados.

En Kika los hombres ya no tienen posibilidades de entrar gratis al boliche. Ariel explica que hasta el año pasado manejaban los frees (generalmente una pulserita de entrada gratis) como querían pero que este año el hombre paga lo mismo desde que abre Kika hasta las 4 de la mañana, “entonces, obviamente, un flaco va a quedarse haciendo previa en su casa hasta las tres de la mañana y a mí eso no me sirve porque no lo cobro”.

Lo que le pagan a cada pública también adhiere a las políticas del gerente y los organizadores de cada lugar y la antigüedad y cancha del pública. Mientras que en Kika pagan entre 12 y 17 pesos por persona que entra a tu nombre, en Rosebar se estima entre 30 y 40 pesos. La diferencia está en que Rosebar, Honduras 5445, tiene una capacidad de tres mil personas y, pagan más, para darle un incentivo al pública para que meta más gente. A esto se le suma, además, el 10% de lo que venden de las mesas.

Cada quien con sus criterios

La salida comenzó más que bien. La despedida de soltera empezó hace poco junto con risas, bromas y charlas. Quién sabe, quizás había también un poquito de nostalgia en el borde de cada vaso apoyado sobre la mesa, pero a medida que este se iba vaciando, la felicidad y la alegría iban aumentando. La noche está linda, un poco de calor como es normal a esta altura de principios de diciembre, pero se podía estar. Julieta por suerte ya se había encargado de hablar con el pública de Jager, boliche bailable ubicado en Av. Cnel. Niceto Vega 5422, para que todo saliera bien y según lo planeado.

Jager compite contra Kika, L’arc y Rosebar. Aunque L’arc y Jager son de las mismas personas, a los boliches en sí no les importa tanto la competencia en cercanía dado que son boliches que “suelen llenarse solos”. A quienes les importa son a los relacionadores públicos que quieren entrar más gente a su nombre para, lógicamente, ganar más.

-Chicas todavía está cerrado.

Sin pensarlo ni preocuparse demasiado, las cuatro amigas se dirigen sin problema a un bar de la zona para hacer tiempo e ingresar al boliche. Se hacen las 02.00, hora del tan ansiado festejo, llegan a la puerta y se encuentran con una sorpresa de despedida no tan agradable. No importa qué tanto insistan o qué tanto expliquen, el patovica no las deja pasar. El simpático sombrerito de “Bride to be (futura esposa)” parecía no importarle a nadie.

“Nunca llegaron ni a ver nuestros DNI. Nos rebotaron cuando nos acercamos a la puerta”, cuenta todavía indignada Julieta Potes. El pública se lavó las manos. Nadie entendía nada y nadie explicaba nada. Nunca habían ido a ese lugar ni hablado con ese pública hasta esa vez; lo conocían solo porque lo buscaron por la página de Facebook de Jager. Fueron a pasarla bien. Sabían que el lugar estaba de moda. Por suerte decidieron no darle mayor importancia y fueron a otro lugar. Todas, todavía un poco heladas ante el desconcierto, están tratando de no pensar mucho en las razones. Ninguna quiere hablar mucho del tema. Cada una razonó para sus adentros sus miedos y sus suposiciones.

-No logró arruinarnos la noche. Creo que a la chica de la difusión sí. Si hubieran dicho: “no las dejo pasar por ella”, señalando a alguna, hubiera sido mucho peor. Por suerte tuvieron la decencia de no aclarar y no hacer sentir mal a ninguna en particular. Si le hubieran dicho algo a alguna, yo me peleaba.

Julieta se refiere a la historia que difundió el 12 de junio María Elena Saganías. Ella, muy enojada, cuenta la historia por la que pasó la madrugada del sábado 10 del mismo mes donde rebotaron a una de sus 14 amigas en L’arc, Av. Cnel. Niceto Vega 5452.

(Leé su publicación completa aquí)

-La verdad fue una situación bastante fea… Nos costó mucho que nos dieran respuestas, porque básicamente nos ignoraban. No sé si esperaban que nos fuéramos sin decir nada o qué.

Son unos minutos antes de las dos de la mañana y desde hace un rato que están abiertas las puertas del boliche. No había mucho apuro, ya habían arreglado para entrar gratis. La fila comienza a avanzar y, con la mayor naturalidad del mundo, uno de los agentes de seguridad frena la fila por la mitad y le pide a una de las chicas que se haga a un costado. Ella obedece y se corre de la entrada. “Mirá que estamos todas anotadas en la lista del cumpleaños para pasar”, aclaró la detenida. Las amigas que quedaron detrás de ella entraron, pero tuvieron que pagar. Ya son más de las 2 y no hay más horario de entrada free. Todas menos una que sigue, en ese costado, sin entender bajo qué criterio la están, quizás, juzgando.

“Simplemente la dejaron a un lado de la fila para seguir haciendo entrar gente ¿Por qué si éramos 15 amigas que estaban anotadas en la misma lista dejaron entrar a 14 y a una sola la dejaron afuera? No pararon de ignorar sus preguntas”. Todas empezaron a hacer preguntas. Peleaban por una razón, por un justificativo.

-Lo que pasa es que es medio gordita.

– Yo también lo soy y sin embargo acá estoy- reclamó irritada la mejor amiga de María Elena.

-Bueno, pero vos sos rubia- contestó serio el responsable de seguridad.

Otra de las respuestas que obtuvieron fue: “Cada tanto los patovicas tienen que dejar afuera a alguna por fea, por gorda o por negra”.

Ellas ya habían ido L’arc, inclusive su amiga a la cual rebotaron. Su nombre queda protegido por pedido de la misma. Otra vez, el pública “se lavó las manos, dijo que era decisión de los patovicas (nombre con el que se llama comúnmente a los agentes de seguridad privada) y que él no podía hacer nada”.

“Después del posteo hubo gente que me habló diciendo que saque el nombre del pública (que lo conocían) porque le podía llegar a causar problemas en el trabajo, que no era culpa de él y que la decisión la tomaban los patovas, bajado de arriba y que los públicas no pueden hacer nada. Obvio que no lo hice. Él elige dónde trabajar y si aceptas que en tu trabajo discriminen a la gente y no hacés nada también sos parte y cómplice”.

Cada quien con su mirada

“Yo vivo de esto. La gente dice que los publicas no trabajan y no hacemos nada. Me gustaría ver a alguno… Una sola persona, una sola semana -incluida la noche- trabajando de esto. Una semana en nuestro lugar. Es un trabajo en serio, no es una joda. No jodemos con esto”.
Federico Villaggi tiene 22 años y estudiaba Administración de empresas en la UBA hasta que tuvo que dejar porque le resultaba casi imposible dedicarse a ambas cosas. Se quedó con el trabajo del boliche. Cuenta, mientras vierte un poco de la latita de Coca en su vaso, que desde chiquito que conoce mucha gente, que desde tercero y cuarto año pasaba a cualquier boliche, que conocía a los publicas y a los patovas y que era él quien conseguía todas las entradas de las fiestas de egresados para sus amigos. Un día le dijeron que tenía muy buena pinta para trabajar en un boliche. Probó un par de fechas y se quedó. Ahora desde más de 5 años que trabaja en esto.

Él, desde hace un tiempo, pasó a ser lo que se conoce como “organizador” en L’arc y el Velvet. Es uno de los jefes de los públicas y la figura cuyo sueldo está dividido según el rendimiento general del boliche y del rendimiento de cada noche (y según también cuánta gente metan los públicas que trabajan para vos). Cada boliche tiene dos o tres organizadores. Aparte de, como el “título” lo dice, organizar los eventos que maneja el boliche (eventos temáticos como Halloween, Navidad y otros, producto de su propia creatividad), hay que buscar a los bar tender, fotógrafos y DJs. También, como jefe de públicas, es su principal función hablarles a estos constantemente para ver qué necesitan, cómo vienen y, de ser necesario, premiarlos, retarlos o presionarlos.

Los requisitos para ser pública a simple vista parecen sencillos: ser mayor de edad y tener el perfil del boliche, es decir, cumplir con un tipo de apariencia, pensamientos y gustos ya determinados. “Yo no sé nada de electrónica, por ejemplo. Solo conozco a David Guetta. No creo que pueda trabajar en un boliche de electrónica como Crobar”, admite Federico.
Estos códigos totalmente arbitrarios de vestimenta que presentan los boliches son uno de los factores discriminantes a la hora de ingresar. La palabra “discriminar” este caso hace alusión a las dos definiciones de la Real Academia Española:

Del lat. discrimināre.
tr. Seleccionar excluyendo.
tr. Dar trato desigual a una persona o colectividad por motivos raciales, religiosos, políticos, de sexo, etc.

Federico presenta convencido su postura de que, de hecho, los códigos de vestimenta -como estos son entendidos normalmente- están en todos lados y en todas las ocasiones. “¿Viste la frase cada persona es un mundo? Bueno, cada persona es un caso. Depende el cliente, depende lo que pague, depende qué publica lo está metiendo, pero siempre que cumpla con los requisitos de admisión. Yo siempre lo comparo con esto: Vos al quince de tus amigas, ¿fuiste con tacos o con all stars? ¿Por qué está bien visto para tus amigas que vayas con tacos y no con zapatillas? Otro: Tenes un casamiento, ¿vas con remera de pijama o vas con traje? Si a bailar vas con una remera de pijama, ¿por qué te quedas perpleja si no pasas? ¿Por qué el boliche no puede tener código de vestimenta? ¿Por qué sos discriminador si lo haces? Por ejemplo, el pelo, ¿te estamos pidiendo que vengas con el pelo largo y chapas como Johnny Deep? No. Que vengas con el pelo bien cortado, lo básico, prolijo. Te cambio el ejemplo, ¿la gente que va a la cancha con la camiseta o con un traje?”.

El concepto de vestimenta, acá, se queda corto. Depende de tu ropa, tu cara, tu cuerpo, tu altura, el peinado, el color de piel, actitud (y hasta, aunque parezcan irrelevante, las redes sociales). “Eso es algo que nunca me gustó mucho- comenta Ignacio Mingione, ex pública de Velvet y Brooklyn-. Venía uno medio morocho con el pelo medio mal cortado – que es relativo- o con las rayitas que se rapan a los costados y no lo dejaban pasar. Es muy normal que pase eso. Viene uno morocho, con el pelo bien cortado, en camisa y en zapatos y pasa. Es por gustos”. Todo esto se ve juzgado por dos personas a la hora de entrar: un pública (generalmente uno de los organizadores) que esa noche se encargará de la admisión y del patovica.

El patovica pide el documento y se encarga de eso. Si al encargado de la admisión no le caes bien, se lo va a informar al patovica a través de una seña o con disimulo. Nunca te van a decir que no vas a pasar, sino: “hacete a un costado”. Situaciones que suelen terminar mal porque a nadie le gusta no pasar a un boliche. Solo te dirían el verdadero motivo en el caso de que te rechacen por estar alcoholizado. En los otros casos, “nunca te van a decir el motivo porque estarían admitiendo en voz alta que te están discriminando”, evidencia Alejandro Arata, agente de la Subdirección de la Seguridad Ciudadana y Violencia Institucional de la Defensoría del Pueblo.

Aunque “siempre tenés que avisarle a la gente que vayan bien vestida”, entre las cosas cuestionablemente relativas para la admisión se destacan:

  • Gorras
  • Zapatillas deportivas o blancas.
  • Aritos en la nariz, oreja o ceja (a menos que seas mujer o muy lindo de cara y lo luzcas bien).
  • Bermudas
  • Pelo teñido (en el caso de los hombres con mechas o reflejos rubios u otros colores. En el caso de la mujer sólo pelo de colores no convencionales).
  • Documento de identidad extranjero que no acompañe a una apariencia tipo de tez blanca.

Una cosa es cierta, en lo único en lo que puede interceder el pública es en hablar con el que hace la admisión. “Es un publica, si vos lo conoces y te llevas bien capaz te hace el favor y capaz no. Hubo una vez que vino un grupo y no estaban tan mal vestidos, le dije que los hiciera pasar y los hicieron pasar. En ese sentido lo de tener buena relación es a lo que le dan bola”.

La relación que haya entre el patovica y el pública es dependiente de cada uno. La respuesta general suele ser que se llevan bien con algunos y que quizás con otros no tanto. Yonatan Persi trabaja como agente de seguridad privada en boliches desde hace 12 años y pide, por cuestiones laborales, que no se mencionen la empresa ni el boliche para los que trabaja. Tuvo la experiencia de trabajar tanto detrás de la barra en las que “se labura más relajado y estás más en contacto con la gente. Eso vuelve a un tema de los beneficios de las mujeres ahí adentro: los tragos gratis y toda la cosa. Vos sabes si vas a los boliches que las pibas se regalan a veces por tragos gratis”. Marca la diferencia entre la barra y la entrada porque afirma que las mujeres saben que van a pasar gratis, a menos que el boliche esté explotado y que tenga que ganar la mina que más sobresalga.

También se establece aquí, nuevamente, una diferencia que incluye a los géneros. Se esperan y se permiten cosas distintas siendo hombre o mujer. Con las mujeres son más permisivos, sin embargo, se espera “que esté bien vestida y que no traiga mucha ropa. La verdad es esa. Las pibas ya saben que los patovas también son hombres y que si ven a una piba que está buena la dejan pasar. Hay patovas mujeres, pero es más difícil que un pibe pase porque le gustó a una patovica. Las minas se los chamuyan y a los publicas también. La piba tampoco se va a regalar, pero capaz te habla re buena onda toda la semana, el sábado le diste todo y el domingo ni existís”, confiesa Ignacio Mingione.

Ya no es sólo la franja horaria free ni la cantidad de vips o el alcohol gratis. Es la ropa, es el pelo, es el juego de cada una, la genética y qué tan atractiva le resulte al boliche promocionarte después. Es una rueda de llevar gente linda y bien vestida para que el boliche se “valorice” y poder cobrar más caro, que a su vez conlleva a que concurra otro tipo de gente. La palabra de ellos es gente linda, “que venga gente linda al boliche”.

Cada quien en su realidad

“La verdad: El boliche está enfocado muchas veces a ir a ver minas. El hombre quiere levantarse una mina en el boliche. El precio es porque quieren que vengan más mujeres nada más. Es más fácil cobrarle más al pibe para que filtre más. Lo que cambia en el boliche es cuánta plata te ven. Yo como laburo ahí sé cómo se manejan los boliches y no te conviene para nada sacar entrada porque ahí sos uno más. Ser uno más en medio de una puerta es pérdida de tiempo atómica y te saca las ganas. A mí estar parado haciendo la fila me saca las ganas”.

Santiago Robles tiene 21 años y es uno de los DJs que toca en L’arc y en Brandy. Estudia producción musical en Ar House y labura como DJ desde hace tres años.

El tipo de música es depende del boliche y de “su estética”. L’arc no tiene el mismo cachengue que Label. “A la gente que va a L’arc le gusta el cachengue y el reggaetón, pero como se supone que tiene clase no se puede poner muy villera la música de reggeaton (mucha base o muy quilombera)”. Los mejores temas se guardan para las 4 de la mañana cuando ya se espera que la gente esté desinhibida y cante a todo pulmón. Santiago confiesa que ahora la canción más de moda, por ejemplo, en L’arc es ‘Sensualidad’ de Bad Bunny y comenta: “Ozuna tema que saca tema que pega”.

El género musical cachengue, sin embargo, es muy amplio y muy abarcativo, pero se sobreentiende en él, para los jóvenes, que es la música “normal” del boliche no electrónico o rockero. Ozuna y Bad Bunny, entre muchos otros, pueden llegar a estar incluidos dentro de este género. Empero, el que les da pie a artistas un poco más misóginos es el Trap. No es el género, por supuesto, son los artistas. Pero es también la gente que lo pide y lo baila sin problema. Por supuesto que hay letras inofensivas, Spinetta quizás se atrevería a llamarlas “letras bobas”, pero cada quien con sus gustos. Lo sorpresivo es, sin embargo, que no parece haber distinción alguna a la hora de la aceptación de las canciones que tienen un alto contenido degradante y objetivizador hacia la mujer. La gente se deja llevar por el ritmo y se olvida de la letra.

Leé acá: Trap, el género que lleva la mala fama del machismo.

“Hay letras que son re zapardas, pero creo que en realidad a la gente le chupa un huevo: no le va a cambiar que digan una palabra bien o una palabra mal. La gente no elije que está bueno el tema por la letra, sino lo que siente en el oído. Es más la melodía pegadiza”. Y no es tampoco porque la gente esté borracha y baile del todo en modo automático. La acertada teoría de Santiago al respecto se halla en que en algún momento la gente se aprendió y cantó la letra, es decir, la escucha en la semana e indiscutiblemente les presta cierta atención. El DJ, no obstante, reconoce en voz alta la existencia de un machismo activo en la música que pasa, pero reflexiona su verdadera importancia dado que “esas letras no se hacen acá, no son de Argentina. Son de otras culturas. Ozuna creo que es de Costa Rica, en esos países me parece que hay más machismo que acá. El machismo está en cómo tratan a la mujer, pero dudo que alguien no elija un tema porque es machista. Lo van a bailar igual y lo van a cantar igual por más que sean las activistas número uno de Ni una menos”.

Quizá pueda interesarte el video: Spinetta vs Actualidad.

En cuanto a la vestimenta que les exigen es similar al resto del stuff del boliche: “Como si fueran a salir, pero no tanto”. Siempre siguiendo el estilo del boliche.

-La noche es una imagen.

Y hay quienes sacan un poco más de provecho en esto. “Hay chicas que en Instagram, por darte un ejemplo, tienen 10 mil seguidores y no son lindas, pero tiene diez mil seguidores. Cuando esa piba sube una foto en el boliche le va llegar a más que una chica muy linda que tiene 100 seguidores. Es como poner un McDonald’s en una avenida principal y no en un pasaje en un barrio escondido, atrae más clientes. A esas chicas les damos el free después de hora no porque sean lindas sino porque subiendo la foto les va a llegar a diez mil personas. Es marketing”.

Así lo describe Federico Villaggi. Y es cierto, en este caso la noche es una imagen. Las fotos que se sacan dentro del boliche con el nombre del mismo de fondo o con la etiqueta de ubicación adjunta buscan vender su ya detallada estética en las redes sociales.

Julieta Jalil, por su cuenta, es fotógrafa de Six, boliche de Belgrano. Tiene 22 años, estudia Diseño de indumentaria en la UBA, pero tiene a la fotografía tanto como hobby propio y como compañera de trabajo en el boliche. Aunque muchos piensen que deambula toda la noche de acá para allá tiene en realidad un trabajo bastante tranquilo. Ya sabe en qué lugares sacarle a la gente dado que no todas las paredes están en condiciones de aparecer y tampoco le fascina la idea de estar eternamente editando. Saca un promedio de 500 fotos por noches de las cuales a la hora de la entrega solo deberán quedar entre 100 y 120. Cuenta que todos los boliches son medios discriminadores con este tema, el hecho de tener que elegir entre quien se queda y quien se va está bastante sujeto a las mismas normas que maneja el resto del personal en cuanto a la imagen propia de cada persona.

-Cambia mucho si sos linda o fea. Pretenden gente perfecta y son exigentes como en cualquier lugar. Yo ya sé que gente de piel oscura en las fotos no va. Gente con piercings no va. Si tenés gorra no va. Y si tenes brackets o sos gorda o gordo tampoco va.

Tampoco se suben fotos con vasos de plástico o con cigarrillos en mano. Esos son los criterios de filtro. Ella, igualmente, le saca a foto a quien le pida y agrega que, si sabe que ese alguien “no va a garpar mucho”, le hace hacer una pose en la que “no se le vea la parte que no garpa (la parte que no pega con la estética del boliche)”.

Para concluir añade: “Con respecto al estereotipo de mina: las fotos que vi que suben son como minas normales que tratan de ser más de lo que ellas pueden ser. Minas que se producen mucho o que siempre el escote que tiene que estar. Imaginate que las fotos que yo saque tienen que vender al boliche y tienen que venderse de un fin de semana al otro”.

Cada quien con sus tips

Consejos que los entrevistados brindaron para ser un buen pública:

  • Tomárselo en serio.
  • No tener vergüenza. A una persona que le da vergüenza subir una foto a su Instagram personal no puede trabajar en un boliche. “Si no pueden difundir no sirve”.
  • Buen manejo de las redes sociales. Importante también saber cuáles son los horarios pico, cuándo subir la foto al inicio o la historia.
  • Que piensen que sos su amigo. Algunos lo describen como: “Llevarse bien con la gente”.
  • Para que se explique mejor usaremos el siguiente ejemplo: “si vos me decís que este finde no podés salir porque tenés examen de biología y yo el fin de semana que viene te digo: “Fulanita, ¡hoy L’arc!”, soy un tarado. No sé nada de relaciones personales. La charla se empieza con: “Fulanita, ¿qué onda? ¿Cómo te fue en el parcial?”. La persona tiene que pensar que si va tu boliche vos le vas a dar lo que necesites porque le tenés aprecio.
  • Ser “caradura”. Saludar a todos, hablarles a todos en persona y por whatsapp. Incluso aunque te ignores y te claven el visto.

Tips, según los entrevistados, para ser un buen DJ:

  • Leer la pista. Leer a la gente. Buscar lo que la gente quiere y no lo que uno quiere.
  • Saber lo que estás haciendo y cómo mezclar.

Las cifras de quienes más frecuentan

Las mujeres (69,8% del total de las encuestas) fueron las más interesadas en contestar. Solo el 30,2% de un total de 202 encuestas son opiniones del género masculino.

De los votos afirmativos:
-el 26,5% contestó que lo veía en la puerta y en los precios.
-16,6% en el acoso por parte del hombre (incluyendo manoseo y “no aceptar un no por respuesta”).
-15.5% contestó que se sentía cosificado.
-10,6% actitudes generales del boliche.
-9,8% por la música que pasan dentro.
-5,3% debido a los Relacionadores públicos y a los agentes de seguridad.
-3,4% debido al proceso de selección de fotos.
-5,3% restante: Otros.


Cuando se preguntó si alguna vez se habían sentido mal por algo que pasó durante la noche como una situación incómoda, que te nieguen la entrada o, sencillamente, no cumplir sus expectativas, solo un 35,6% respondió que no habían pasado por malas experiencias. Del 64,4% restante un 19,8% no quiso detallar y el resto se divide proporcionalmente entre situaciones incómodas, acoso, entrada y vestimenta, tipo de música, violencia, problemas propios del mismo lugar y otras situaciones personales.

Casi un 70% dice que va al boliche para bailar y divertirse con amigos mientras que el 30% restante confiesa que va para salir un poco de la rutina y conocer gente. Entre los boliches a los que más acude la gente entrevistada se destacan L’arc, Caix, Derby, Apple, Jager, Rosebar, Brooklyn, Kika, Bayside, Velvet, Nina, Vita, Jet, Tamarisco, Barfly, Niceto, Asia de Cuba, Label, Terrazas y Mandarine Park.

Cómo y a quién denunciar un acto de discriminación

“El boliche (…) puede decidir quién pasa y quién no pasa. Es como tu casa: yo decido quién entra y quién no a mi casa. Si yo hoy decido que hay que pagar 100 pesos, vos tenés que pagar 100 pesos, porque es mi casa. O, ¿me sirve que vos vengas a mi casa?”. Este fue el ejemplo que usó Federico Villaggi, organizador de boliches, para explicar lo que se conoce como derecho de admisión y permanencia.

Las condiciones de entrada deberían estar previamente escritas y visibles y avisadas con suficiente antelación. El único criterio válido es que debe ser igual para todos. No deberían existir excepciones. Conforme a la ley 26.370 art. 4: “Es el derecho en virtud del cual, la persona titular del establecimiento y/o evento, se reserva la atribución de admitir o excluir a terceros de dichos lugares, siempre que la exclusión se fundamente en condiciones objetivas de admisión y permanencia, que no deben ser contrarias a los derechos reconocidos en la Constitución Nacional ni suponer un trato discriminatorio o arbitrario para las personas, así como tampoco colocarlas en situaciones de inferioridad o indefensión con respecto a otros concurrentes o espectadores o agraviarlos”.

Alejandro Arata trabaja en la Defensoría del Pueblo desde hace 8 años y detalla que hay, efectivamente, distintos grados de violencia que se pueden ver y son denunciados en lo que respecta a la seguridad privada en un boliche: desde un acto de discriminación hasta lesiones concretas. “Ellos [todo el personal del boliche] pueden aplicar criterios de admisión siempre y cuando no resulten discriminatorios. Por ejemplo: «hoy es la fiesta de disfraces, si no venís disfrazado no entras». Está bien, es un criterio valido. No pueden no dejarte entrar porque tenés cierto color de piel, tal orientación sexual o tal vestimenta… Todo criterio que sea considerado discriminatorio no se puede aplicar como argumento en favor de dejar pasar o no a una persona. Si vas a poner un criterio que sea igual para todos. No puede ser para unos sí y para otros no, porque eso ya es un acto de discriminación”.

¿A quién puedo acudir?
-Defensoría del pueblo
-INADI
-Cámara Nacional de Apelaciones (Viamonte 1177, 07.30-13.00)

La diferencia entre los dos primeros está en que el INADI (Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo), como su nombre lo indica, se encarga específicamente de los casos en lo que refiere a discriminación. Por su parte, la Defensoría tiene como objetivo temáticas más amplias dentro de las cuales también se encuentra la discriminación. Ambos organismos funcionan como control, es decir, no pueden darle órdenes al Gobierno de la Ciudad, pero sí pueden informar, asesorar y ayudar en el proceso de reclamo.

Las soluciones que busca la Defensoría:

  • Sistema en el Gobierno de la Ciudad para hacer investigaciones administrativas ex post facto. Es decir, después de que suceda el hecho y sin necesidad de que haya un agente que lo vea en el momento sino a partir de la denuncia de una persona.
  • Que el ejecutivo local controle. Que no se hagan controles solo porque la Defensoría del Pueblo le pide, sino que se haga un control periódico de que todo esté en orden (credenciales habilitantes y a la vista, cámaras de seguridad, etc).
  • Otro sistema de denuncias. Que la persona pueda defenderse a través de la autoridad de la aplicación, pedir una investigación y una multa si es que le corresponde.
  • Línea de celular vigente y habilitado para urgencias. (155) 980-9868 (Línea 24 horas).
  • Proyecto de ley. Que haya una cartelera en los boliches que diga que el agente de seguridad privada no te puede ni requisar ni cachear y de deber hacerlo, o de sospecha de algún delito, tienen que hacer saber a las fuerzas de seguridad. (Para más información leer la presente ley 5688).

“Lo ideal sería que [la Defensoría del Pueblo] resulte como un complemento para que se avance si es que existe delito y que nosotros podamos ponerle en la cara al Gobierno de la Ciudad que ellos desde el 2013 no hacen nada para controlar esta actividad. Para que lo que sucede no quede en ese mundo idílico de que la seguridad privada es Disney y no ocurre nada con ello”, expresa Arata. Siempre es recomendable denunciar.

Somos el boliche

“El machismo es una expresión derivada de la palabra macho, definido como aquella actitud o manera de pensar de quien sostiene que el varón es por naturaleza superior a la mujer”. Este engloba también un conjunto de actitudes, conductas, prácticas sociales y creencias destinadas a promover la negación de la mujer como sujeto de igual oportunidad y derecho dentro de su cultura, tradición o contexto. Estas pueden ser, entre las más destacadas:

  • Sexuales (promoción de la inferioridad de la sexualidad femenina y transformación de la misma en un objeto sexual y de deseo).
  • Económicas (infravaloración de la actividad laboral).
  • Legislativas (no representación de la mujer en las leyes y, por tanto, no legitimación de su condición de ciudadanas, leyes que no promuevan la protección de la mujer ni sus necesidades).
  • Intelectuales (consideración de inteligencia o capacidad inferior).
  • Históricas (ocultación de mujeres importantes dentro de la historia de la humanidad).
  • Culturales (representación de la mujer en los medios de comunicación como un cuerpo haciendo de ella misma un objeto en vez de un ser humano).
  • Académicas (poca importancia a estudios de género, no reconocimiento de la importancia del feminismo, etc.).

Este también incluye el rechazo de todo aquello que no sea considerado masculino y somete al hombre a sostener un modelo de “valentía” y “dureza”. Léase por ejemplo la famosa frase “los hombres no lloran” y el rechazo y discriminación hacia, por ejemplo, los varones homosexuales.

El boliche encarna uno de los ambientes más machistas en esta época. Desde las letras de las canciones de fondo hasta el trato hacia la mujer que comienza en ese mismo instante en el que empieza a hacer la fila. “No es una discriminación hacia la mujer, es un objetivo de maximización de ganancias”, decía Villaggi en su entrevista. No es que son todos más buenos y permisivos con el sexo femenino por ternura o compasión, es porque es boliche utiliza a la mujer como objeto de atracción.

Caemos también en algo que no es nuevo: ¿Por qué si una mujer está con cinco tipos es “una regalada” y si un tipo está con cinco mujeres es “un ganador”? ¿Qué imagen crea el boliche de la mujer?

Por otro lado, nadie asume la culpa. Si hay problema en la admisión el patovica te va a decir que es por organizador y el pública se va a disculpar diciendo que es problema del patovica. Esto mismo se traduce en todos los aspectos del boliche; el boliche no es machista, la gente lo es. El boliche no es discriminador, la gente que trabaja en ese lugar es discriminadora y la gente que acepta trabajar bajo esas condiciones es cómplice. Hay cachengue que no discrimina, hay boliches a quienes no les importa tu género ni tu orientación sexual. Quienes adoptan actitudes machistas, solo porque sienten que están en un lugar donde está permitido ese tipo de comportamiento, también son una parte muy grande del problema.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *