De administradora de empresas a coach vocal

Fernanda Martínez Mina es una reconocida cantante, actriz e intérprete musical dentro del mundo artístico bonaerense. Entrena a diferentes grupos musicales y cantantes del país, da clases personalizadas y grupales de canto, y produce sus propios shows. Oriunda de Río Cuarto, Córdoba, se mudó a Buenos Aires en el 2006 para ampliar su carrera artística. En su estudio de canto, en Colegiales, sentada detrás del piano, relata su camino hasta convertirse en la “vocal coach” de Eruca Sativa, una de las bandas argentinas más aclamadas en el último tiempo.

¿Qué significa para vos ser “vocal coach”?

Para mí hay distintos aspectos; el término de “vocal coach” está de moda ahora. Siento que una cosa es ser profesora de canto y otra es ser entrenadora vocal, que es la que está con el artista. Me terminaron de caer las fichas hace poco, porque desde el año pasado yo estoy trabajando con cantantes y bandas en el estudio cuando van a grabar un disco. No me había dado cuenta de la importancia de estar ahí en ese momento, de estar con el cantante y sacar lo mejor de él. No tiene solo que ver con vocalizar y con que llegue a una altura determinada, también es estar ahí alentándolo, porque se bajonea, se escucha mal, etc. Uno tiene que estar ahí con un “dale, vamos, vos podés hacer esto”. El “coacheo” es estar al lado del otro, viendo realmente cuál es su necesidad de ese día. Si se puede hacer un trabajo previo de la técnica buenísimo, y si no, tratar de hacer lo mejor posible.

¿Cómo fue tu preparación?

Fui a la Escuela de niños cantores de Córdoba, Instituto Domingo Zipoli, en Córdoba Capital. En esa escuela me recibí de bachiller, de maestra de música y de directora de coros; a los 18 años ya estaba dando clases en colegios y armando mis coros. La escuela me formó y utilicé todo eso para después hacer mi carrera de hoy.

Estudié la carrera de Administración de Empresas e hice una postitulación en la Escuela de Artes de Educación Musical. Tomé cursos de teatro musical, de danza, terminé la carrera de intérprete de comedia musical en la Fundación Julio Bocca y estudié teatro con Gandolfo y Dora Baret. Realicé cursos, también, de musicoterapia y de foniatría.

Fernanda comenta que estudió Administración de Empresas porque no existía en su momento una carrera de producción musical. “Me gusta mucho el backstage –refiere–, me encanta todo lo que es organizar y dirigir”. Cuenta que sufría en las clases de matemática y de contabilidad, pero que la ayudaron a armar los proyectos de hoy en día.

Desde chica entonces supiste que querías dedicarte a esto…

Yo creo que sí, en el fondo siempre tuve ese gen artístico. Mi abuelo era contrabajista en una banda de jazz y tango, mi mamá y mi papá cantaban; mi casa siempre fue muy musical, muy artística. Le agradezco a mi mamá que haya tenido la lucidez de incentivarme en esto siempre.

¿Por qué te mudaste a Buenos Aires?

Vine en el año 2006 para estudiar en la Fundación Julio Bocca y para probar qué onda. En un principio yo quería venir, estudiar, tener todo el conocimiento y volver a Córdoba, pero estando acá me enamoré de la ciudad. Ahora ya estoy instalada desde hace once años.

¿Y cómo llegaste a ser la vocal coach de Eruca Sativa?

Conozco a Gaby [Gabriel Pedernera, baterista de la banda] desde hace un montón de tiempo. Hace un par de años me reencontré con él y hoy somos pareja. Empecé ayudándolos con algunos tips, porque estaban grabando su último disco y todos querían cantar. Después empecé a viajar con ellos en las giras. Lula [Bertoldi, cantante y guitarrista] se dio cuenta de que le venía súper bien entrenar con alguien, porque ella es una genia, tiene una laringe increíble, es muy sana y entrena, pero yo estoy cumpliendo ese rol de no solo ayudarlos con la técnica vocal, sino también con todo lo demás. A los tres los ayudo a estirar, calentar, vocalizar, porque todos cantan.

¿Los acompañás en las giras?

Cuando puedo sumarme, sí. Acá en Buenos Aires generalmente voy siempre, salvo que justo tenga que trabajar en otra cosa. Con las chicas me llevo muy bien, les doy una mano con sus bebés, las ayudo desde lo técnico, lo vocal, y desde otro lugar, al estar con ellas.

¿Qué hacés además de entrenar y acompañar a la banda?

Tengo un estudio en Colegiales donde hago un entrenamiento personalizado. A mí llega gente de todo tipo: tengo profesionales, semi-profesionales, etc. Doy clases en el Estudio de Teatro Musical Reina Reech y en Caballito, en el otro estudio. Próximamente tengo ganas de sacar mi propio disco y empezar a grabar a mis alumnos, armar algo más integral.

¿Hay algún artista en especial con el que te gustaría trabajar?

Tengo sueños locos como por ejemplo que viene Coldplay y de repente le pasa algo a Chris Martin y me dicen “Che, Fer, vení, ayudalo”. Después existe gente como Lali (Espósito), con la que estuve hablando, que no tiene una vocal coach. Sé que hay personas atrás que la ayudan, pero podría romperla mucho más si tuviera una entrenadora así todos los días. Veo cantantes como Abel Pintos y digo “tiene su coach, entrena todos los días, es increíble”. Me encanta Natalia Lafourcade, sería divino estar ahí en el estudio con ella.

Podría decirse que sos una profesional de la voz.

Me encanta hacer cantar a la gente que no sabe cantar y me gusta mucho también trabajar con personas que ya saben porque es otro rubro. Para mí el canto es, de todas las actividades artísticas, la que más te expone, la que te hace sentir más vulnerable. Por eso no alcanza solo con cantar bien y tener la técnica, hay que saber expresar lo que querés decir, tu verdad. Los cantantes tenemos un vicio muy grande que los instrumentistas no tienen: creemos que con tener la voz ya está. Aprendemos la letra y salimos al ruedo, y no, no es así. Tenemos que entrenar todos los días. El instrumentista se queda con su instrumento y entrena, nosotros no tanto. No tiene que ver con tener una excelente voz, sino con encontrar tu camino y con transmitir tu verdad, pasa por ahí. La voz es un recurso totalmente agotable, hay que entrenarlo todos los días.

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