Cómo trabajan las ONG en plena cuarentena

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Son muchos los rubros que debieron reinventarse para poder seguir trabajando pese a la cuarentena. Lo mismo pasó con las ONG, fundaciones y grupos solidarios; los encuentros se detuvieron, las donaciones y los sponsors bajaron, las construcciones se pospusieron. ¿Qué hacen, desde su lugar, Club Sin Fronteras, Familias Abiertas, Cuerdas Azules y Módulo Sanitario para seguir ayudando?

Desde que el presidente Alberto Fernández estableció en todo el país el aislamiento social, preventivo y obligatorio, la organizaciones de la sociedad civil se vieron forzadas a cerrar sus puertas hasta nuevo aviso. Sin embargo, no hay cuarentena que saque las ganas de ayudar. Club Sin Fronteras, Familias Abiertas, Cuerdas Azules y Módulo Sanitario, que en un principio habían decidido dejar de funcionar, acordaron reinventarse y colaborar de diferentes maneras, para así no dejar desamparados a quienes dependen de ellos semana a semana.

“Club Sin Fronteras” es un club deportivo que, con encuentros semanales, busca educar en valores a chicos y chicas de entre 6 y 17 años mediante el deporte y, sobre todo, el fútbol. Desde estos espacios generan un impacto en el ámbito social y cultural de los niños que viven en barrios vulnerables localizados en los partidos de Bella Vista y San Miguel. Hoy, hay alrededor de 40 niños y niñas privados de su espacio semanal de juegos, contención y aprendizaje.

Algunos de los chicos y chicas que acuden al club cada sábado

“Habíamos frenado las actividades en diciembre e íbamos a retomar el 14 de marzo, pero no llegamos a tener ningún encuentro este año”, expuso Carlos Capelli, voluntario y miembro de la comisión directiva de Sin Fronteras. “Yo los extrañaba, fue re triste; ya estábamos avisando por nuestras redes sociales que volvíamos ese sábado y de repente todo se frenó”, agregó. En ese momento en el que habían decidido cancelar los encuentros hasta nuevo aviso, algo cambió.

“Nos dimos cuenta que la preocupación principal son los chicos, el foco ahora no está puesto en el deporte solamente. Estar en cuarentena no quita que los chicos sigan teniendo las mismas necesidades que tenían antes”, dijo Carlos, y explicó que dentro de los 40 chicos que asisten sábado a sábado, “habrá 30 que son humildes, y unos 10 que son realmente de muy bajos recursos”.

Algo parecido sucedió en Módulo Sanitario, una ONG formada por jóvenes profesionales que buscan resolver la emergencia sanitaria que sufren muchas familias en la Argentina. “Normalmente construimos entre seis o siete módulos -de baño y de cocina, anexados a las viviendas- por año en diferentes barrios del país”, explicó María Sackmann, responsable del área de comunicación de la institución y añade: “El aislamiento nos vimos obligados a frenar todas las actividades”.

Si bien debieron suspender dos construcciones previstas para abril y junio, quedando a su vez el resto del calendario anual en duda, aprovecharon la ocasión “para poner en agenda la problemática”. Tanto Club Sin Fronteras como Módulo Sanitario, dentro de las diferencias, decidieron comenzar una nueva iniciativa.

Desde el club, decidieron armar cajas con comida no perecedera y productos de limpieza para repartir entre las familias del barrio El Faro. En total consiguieron 75 cajas, es decir, treinta más de la cantidad de familias que mandan a sus hijos al club. Las repartieron el domingo de Pascua y, dada la repercusión y el agradecimiento, decidieron replicar la actividad repartiendo una segunda tanda de cajas el domingo 26 de abril, y una tercera el 19 de mayo.

Voluntarios de Club Sin Fronteras repartiendo las cajas donadas a las familias.

Según una Encuesta Nacional realizada por Unicef, en conjunto con el Ministerio de Desarrollo Social de la República Argentina y el Consejo Nacional de Coordinación de Políticas Sociales, para conocer el impacto de la pandemia en los chicos y sus familias, el 28,3% de los hogares tuvo que dejar de comprar algún alimento por no tener dinero. En caso de villas y asentamientos, esta cifra asciende a 45,3%.

Estos datos se reflejaban en cada una de las familias de los chicos que acuden cada sábado al predio de Sin Fronteras. “Lo que me sorprendió más que nada fue que cuando les preguntábamos acerca de una necesidad puntual, nos decían que recibían lo que fuera, no pedían nada en específico porque todo les venía bien”, declaró Capelli, y agregó: “Llamamos a cada casa a ver qué necesitaban y difundimos por Bella Vista, diciendo que el que quería podía armar una caja con productos esenciales, como comida y limpieza”.

Según Unicef, el 7% de los hogares encuestados indican que no cuentan con insumos de prevención, limpieza y desinfección suficientes. Módulo Sanitario comenzó una campaña de donación de kits de productos sanitarios con lavandina, alcohol, jabón, detergente, insecticidas y repelentes más una palangana por kit. “Esperábamos recibir 2.000 kits aproximadamente, y ya conseguimos más de 7.500”, expresó entusiasmada María.

Sin embargo, no a todas les fue de la misma manera. Ante la situación económica que está atravesando el país, las donaciones que recibe mensualmente Familias Abiertas, una fundación que se encarga de brindar reparo y contención transitoria a niños y niñas abandonados o en riesgo, mientras se resuelve su situación legal en el marco de una contención familiar, disminuyeron, junto con los sponsors.

Son más de 20 familias las que acogen niños en tránsito, ofreciéndole a cada uno de ellos la oportunidad de la experiencia afectiva que provee una familia, y desde la Fundación mantienen mes a mes a cada niño, con mamaderas, pañales, leche, ropa, sumado a la educación y seguridad que le proveen. Por eso, comenzaron una nueva actividad para poder recaudar dinero y comprar así todo lo que la familia necesita para mantener cada uno de los niños en tránsito: talleres de diferentes temáticas, como orientación laboral, acuarelas, entrenamiento, cerveza artesanal, y más, a la gorra y  vía la plataforma Zoom. 

Fuente: @familiasabiertas

Familias Abiertas debió también rebuscárselas para poder seguir trabajando durante el aislamiento. Luz Vergara, fundadora y coordinadora Asistente Social, expuso que tuvieron que aggiornarse a todo lo que es tecnología, “hacer capacitaciones, reuniones de profesionales, y talleres con voluntarios y familias, todo a través de zoom. Lo que más cambió, contó, fue el contacto con la gente: “Uno necesita la mirada en persona, la visita domiciliaria, el contacto directo. Pero bueno, estamos todo el día en el teléfono y en zoom”.

“Nuestras actividades son esencialmente presenciales, ya sea en los hogares, en los hospitales, o en las casas particulares de los chicos que visitamos”, contó Virginia Betchakdjian, voluntaria y coordinadora general de Cuerdas Azules, un grupo de jóvenes que acompaña a niños y jóvenes que, por alguna circunstancia, se encuentran hospitalizados o viviendo en hogares, que se vio afectado también en cuanto a los encuentros presenciales. Manifestó, también, que lo “cara a cara” se disolvió, y eso repercutió muchísimo en su actividad.

Virginia y Camila en el Hospital de Niños Ricardo Gutiérrez

No obstante, el aislamiento no quebró del todo este vínculo entre “cuerdas” (es decir, entre el voluntario y el chico al que acompaña). “A nivel individual -comentó Virginia- cada uno se ha comunicado vía mensaje, vía grupo o vía videollamada con los chicos particulares que acompañó en este último tiempo”.

Algo parecido sucede en Familias Abiertas, donde están reforzando el acompañamiento en cada familia: “Estamos todo el tiempo llamándolos, preguntándoles si necesitan hablar”, comentó Luz Vergara, y agregó que “por suerte” cuentan con un equipo fundado de psicólogos y profesionales que intentan ayudar a las familias a pasar la cuarentena de la mejor manera posible, aunque sea a la distancia.

Oriana Thomé, voluntaria de Cuerdas Azules, acompaña desde diciembre del año pasado a Zoe, una “cuerdita” de 15 años que está atravesando tratamientos de quimioterapia, junto con otros dos miembros de la Organización.

Zoe en el Hospital Garrahan, durante una de las sesiones de quimioterapia. Crédito: Familia de Zoe.

Entre los tres voluntarios se ponen de acuerdo cada semana y, al llamar a su cuerdita, pasan alrededor de dos horas hablando cara cara, aunque sea a través de una pantalla. “seguimos estando presente con la persona que acompañamos, que sigue pasando por una situación bastante difícil”, comentó, y agregó que el hecho de poder distraerla hace que la cuarentena para Zoe, quien está aislada de su familia en su cuarto, sea más amena.

Cada una de estas Organizaciones es fundamental para la vida de las personas a las que acompañan día tras día, y dejan una huella a nivel personal en todos los que se cruzan en su camino. Por eso, podríamos decir que, si bien cada una funciona de manera distinta, a todas las une el mismo propósito: las ganas de ayudar.

“Es un acompañamiento al barrio carenciado que tenemos al lado, es cubrir las necesidades afectivas, físicas, y hoy también, las básicas”, comentó Carlos. Para Luz, en cambio, su función sigue siendo la misma de siempre más allá de la cuarentena: “Es dar respuesta a la niñez vulnerada dándole una alternativa que no sea la institucionalización, sino la vida en una familia”.

“Cuerdas es una gran obra de arte hecha viva. Su labor favorece muchísimo los vínculos sociales y las relaciones interpersonales, y tiene una capacidad enorme de generar empatía, emoción e igualdad”, comentó emocionada Virginia.

Cómo colaborar                                                               

Club Sin Fronteras: https://www.clubsinfronteras.com/colabora

Módulo Sanitario: https://modulosanitario.org/kits.php

Familias Abiertas: https://familiasabiertas.org.ar/comoayudar.html

Cuerdas Azules: https://donaronline.org/comunidad-apostolica-ciudad-belen-asociacion-civil/cuerdas-azules

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