Ariel Holan: foráneo en tierra hostil

El nacimiento de la mística del Rey de Copas tiene fecha y partido. Fue en la ida de la semifinal con el Santos bicampeón de la Copa Libertadores, nada menos que en el Maracaná y ante 25.000 almas.

Hay quienes dicen que el juego en aquellas épocas era más puro, y otros dicen que más inocente. Dos goles tempraneros del equipo brasileño pusieron a Independiente de rodillas y lo sentenciaba a jugarse una proeza en la vuelta en Avellaneda. Toninho y Pepe le daban la ventaja al local y ponían en jaque el planteo de Giudice, que se jugaba la oportunidad de levantar el máximo torneo continental por primera vez para un equipo argentino. Partido chivo. Los dos equipos proponían pero el Santos se floreaba a puro toque. Con la ventaja, el equipo carioca se sintió seguro y el exceso de confianza le salió caro: a puro ímpetu Independiente lo igualó antes del descanso con goles de Mario Rodríguez y Bernao sobre la hora.

El segundo tiempo fue todo rojo. La autoridad y desfachatez con que un equipo argentino se plantó en una cancha mítica con un clima bravo empezó a alimentar la hazaña. El Santos se desordenó en busca de una ventaja para viajar a Buenos Aires más airoso. De manera agónica, en el minuto 89 del partido (antes no había descuento), el wing derecho Raúl Savoy tiró un centro bombeado para que Suárez la domine en el segundo palo y defina cruzado para darle a Independiente un mote emblemático: el primer club extranjero en ganar en el Marcaná.

Una semana después, en la doble visera, el equipo capitaneado por Chivita Maldonado ganó 2 a 1 y pasó a la final, en la que superó a Nacional de Uruguay y consiguió la primera de sus 7 Libertadores.

Ese día Ariel Holan tenía 4 años y la mística se le metió en el cuerpo para no abandonarlo nunca. Cuenta que uno de sus primeros recuerdos es de cuando su padre Ramón lo llevó a la sede de avenida Mitre a festejar el triunfo con su vecino Cacho y miles de hinchas que coparon las calles. Cuando habla de Independiente, de su viejo, de la Copa Libertadores, los ojos se le ponen vidriosos y detiene el relato cada vez más intercalado. En el mundo del fútbol estas cosas le causaron recelo, críticas despiadadas resumidas en el insulto más fulminante del ambiente: vende humo. Su discurso mesurado, el cuerpo técnico ampliado y el uso de recursos tecnológicos también levantan polvareda y lo hacen ver como un foráneo en tierra desconocida. A fuerza de carácter, totalitarismos, juego asociado de sus equipos y últimamente títulos, el outsider oriundo de Lomas de Zamora se abre paso en el lugar más traicionero del deporte.

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Luís Ciancia es un personaje central en la historia del hockey argentino. Fue un jugador destacado y un enorme entrenador reconocido en todo el mundo. El encargado de designar a Cacho Vigil como director técnico de un grupo de jugadoras que venía de un golpe tremendo en los juegos olímpicos de Atlanta 1996. Es considerado el arquitecto en las sombras de lo que hoy son Las Leonas.

Pero el Gordo Ciancia fue además el responsable de alimentar en Holan el deseo por planificar, dirigir y estar al frente de un equipo. Tenía 16 años cuando Ciancia le ofreció dirigir a los equipos B de Lomas, el club de su infancia y adolescencia.

“Ya que te gusta tanto el fútbol, ¿No te animás a armar un equipo de hockey? Es muy parecido”, le dijo. Así, desde 1982 hasta 2000, se dedicó exclusivamente a la bocha y el palo.

Lomas; Banfield, con hazaña de por medio consiguiendo el ascenso ininterrumpido desde la última categoría hasta la segunda división; San Fernando y la Selección Nacional de Uruguay. Su análisis metódico en un deporte mucho menos popular y más permisivo como el hockey voló lo más alto que pudo. Sin barrabravas violentos ni dirigentes exitistas, fue forjando la misma personalidad que hoy puede causarle problemas puertas adentro de un vestuario.

Jorgelina Bertoni jugaba como delantera en Banco Hipotecario y fue seleccionada por Holan para integrar la selección de Buenos Aires en San Fernando. Lo tuvo como técnico cerca de tres meses y se considera pupila de su método. “Daba muchas herramientas y siempre tenía esa capacidad creativa para sumarle al trabajo, estaba encima. Exigía pero también daba”, dice Bertoni. Se reprocha no haber salido campeonas, pero resalta que “más allá del resultado, la sensación es que te deja muchas cosas”. Algo que en el fútbol parece no importar: resultado mata formación. ¿Cómo hace para gambetear las adversidades de un plantel profesional de fútbol?

A sus 58 años con la cara hinchada y el pelo gris, se reconoce totalitario. “A mí me gusta mandar. Yo nací para mandar. Y el que no lo entiende, no es mi problema”, manifestó en un programa de TV partidario. Como los malabaristas del semáforo, intenta hacer equilibrio entre persuadir para convencer o bajar firme el martillo, algunas veces empujando a la confrontación gratuita. Como en el caso de Fernando Amorebieta, el venezolano que llegó como figura y jugó tan sólo un semestre para luego ser borrado del plantel de manera lapidaria. “Nosotros no destratamos a nadie. La decisión fue exclusivamente profesional. Yo tengo que hacerme responsable de las decisiones deportivas y justificar y argumentar por qué se toman. El representante de Fernando no se portó bien con la institución y esto no es una sociedad de fomento ni un club de amigos”, argumentó en su momento Holan. El jugador nunca habló públicamente ni confrontó con el técnico. Se limitó a agachar la cabeza y entrenar en soledad. Con Erviti y Jonas Gutiérrez pasó algo similar.

Es estratégico y calculador, pero no sólo en el juego. Eso puede ser lo que en muchos ámbitos caiga mal.

Algún desconfiado podría decir que en Independiente se blindó de las viejas glorias del club y construyó un círculo protector que le permite transitar inmune las tempestades.

Que la intención de acercarse a Bochini, Pancho Sá, el Chivo Pavoni o Bertoni, fue milimétricamente calculada para que a este equipo que él conduce se lo identifique directamente con la mística perdida que él y siempre él, es capaz de recuperar. Pero también hay algo innegable y muestra de un compromiso concreto: la obtención de la Copa Sudamericana 2017. Otra vez en el Maracaná, otra vez de manera agónica y desplegando el fútbol de paladar negro que le gusta al hincha.

Cuando cumplía el sueño de ser contratado por el equipo del cual es socio vitalicio, muchos colegas, incluso algunos que le abrieron las puertas en su conversión de un deporte al otro, como Burruchaga, Almeyda o Domenech, lo increpaban por las formas. Un audio que Ariel Holan envió a un dirigente del club de Avellaneda, exponiendo su metodología de trabajo y el proceso que tenía pensado para refundar Independiente, levantó polémica. “Esto no se resulve con espalda”, decía en la grabación de minuto y medio, con dardos para Burru y Milito, el técnico que salía. “En 40 años de fútbol nunca escuché a alguien decir que tiene la fórmula del éxtio” twitteó Burruchaga.

A veces puede ser pedante, categórico. Su método es el mejor, su forma es la indicada. No se siente cómodo en el disenso y aplica la premisa de Lennon en los Beatles para el manejo de grupo: la democracia no sirve. Tiene una personalidad complicada que en algunas ocasiones lo alejó de amigos y colaboradores, como el caso del preparador físico que lo acompañó durante toda su carrera y que terminó siendo presa de sus manejos, Alejandro Kohan.
Su trayectoria, plagada de testimonios favorables y no tanto de personas que estuvieron al lado.

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La obsesión que tiene con el perfeccionismo del producto final tiene sus raíces ancladas en un hecho llamativo. A los 6 años, a pesar de tener todas las materias aprobadas, su madre quiso que repitiera obligatoriamente primer grado. “Dijo que no estaba lo maduro que debía. Para que en el secundario y la universidad esté a la altura de mis compañeros, me hizo repetir” confiesa. Encontró la satisfacción de su obstinación en un aliado clave: la tecnología, otro recurso mirado con desprecio por periodistas, técnicos e hinchas. En ese aspecto fue revolucionario para el fútbol argentino por el uso de drones, chips con sistemas de medición de recorrido y pizarras inteligentes. O por lo menos en algún momento lo será, si los resultados lo acompañan y empieza a ser reconocido.

En 2001, la crisis feroz del país arrasó como un huracán todo lo que se le cruzó por el camino. Menos las convicciones de un tipo que daba sus primeros pasos. Vendió su auto para comprar la computadora que le permitía impulsar el uso de un software hasta ese momento desconocido. “Cambié un Renault 12 por una computadora de la manzanita”, dijo en una entrevista cuando dirigía Defensa y Justicia. Casualmente admirador de Steve Jobs y seguidor de su filosofía: amar lo que uno hace. Y si le cambia la vida a alguien, mejor aún. Es un bohemio en el sentido de que lo que hace, no lo hace por plata. Por eso resignó la comodidad del auto y pasó a tomarse el colectivo como cualquier laburador.

Entre las controversias que levantó por todas estas cuestiones, recuerda entre risas una anécdota. En un programa de radio del club de Varela, un hincha evidentemente frustrado llamó para expresarse. “Primero fue Franco, después el Turu Flores, ahora éste que viene del hockey… El próximo técnico va a ser el comisario de Varela”, se lamentaba a los gritos.

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Es jueves 19 de octubre de 2017. Ariel Holan mira por el la ventanilla del asiento del acompañante de un Ford Focus blanco. Es el auto de su ayudante de campo, Javier Telechea, y están saliendo del predio de Independiente en Villa Domínico después del entrenamiento matutino. A menos de 70 metros, un auto y una moto le cruzan el paso para interceptarlos.

Del coche bajan dos hombres con gorra y tapados a medias, y de la moto otro más que parece comandar el apriete. Uno le hace señas a Holan para que se pase al asiento trasero y se sube al lado de Telechea. Le hace indicaciones de que siga manejando y agarre el acceso sudeste. Atrás está Pablo “Bebote” Álvarez, líder de la barrabrava Los Diablos Rojos. Holan ya lo conocía porque había sufrido dos aproximaciones, aunque más leves, para pedirle dinero y colaboración. Esta vez Bebote fue tajante: “Todos los técnicos que pasaron por acá aportaron lo suyo. Vos no vas a ser la excepción”. Los siguientes 20 minutos fueron un monólogo de amenazas y sentencias. En la denuncia que Aprevide presentó en un juzgado de Lomas, se detalla el pedido de 50.000 dólares “para garantizar apoyo y paz social”. Caso contrario, las consecuencias las sufrirían la familia y el nieto recién nacido de Holan.

Luego de las eternas 30, 40 cuadras, el auto se detuvo en la calle Manuel Beriguistain, y el entrenador de Independiente volvió a quedar solo con su colaborador. Llamaron a la dirigencia del club, que al parecer no ofreció una respuesta inminente. Esta vez nada paralizó a Ariel Holan. Contrariamente a lo que hizo aquella noche en que Bebote le tocó la puerta de su habitación en el hotel donde el equipo concentraba en Mar Del Plata, o el día en que reiteró su pedido en Perú, esta vez sí formalizó una denuncia.

El inefable Bebote Álvarez está preso. El autoritario estratega Ariel Holan es ovacionado en las tribunas otra vez.

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