Alto riesgo: La investigación antiterrorista en el país está desactivada

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Aún persisten las heridas de los dos atentados que azotaron al país en la década del ´90: la Embajada de Israel en 1992 y la AMIA en 1994. Y es por eso que cualquier chispazo se convierte en alerta.

Este año, el 12 de marzo, un episodio hizo sonar las alarmas. Un hombre y una mujer iraníes, dijeron ser ciudadanos de Israel y, portando pasaportes falsos de aquel país, pasaron migraciones y entraron con relativa facilidad al territorio nacional.

Amia, 1994

De inmediato se disparó una importante pregunta: ¿Está la Argentina preparada para afrontar un ataque terrorista?

Una fuente de Presidencia de la Nación fue contundente: “No. No tenemos radares que funcionen en todo momento del día y la gente de migraciones no está correctamente capacitada. Más allá de que el riesgo no es muy alto, hay flancos por todos lados y cualquiera puede entrar al país”.

Según Miguel Ángel Toma, ex secretario de Inteligencia de la Nación, esto no es nuevo. Para él, desde que “en 2014, el gobierno de Cristina Kirchner echó a los mejores cuadros de inteligencia del país, cuando estos se negaron a obedecer la orden de dejar de apoyar al fiscal Nisman en la investigación de la causa AMIA, la Agencia Federal de Inteligencia (AFI) quedó diezmada y la Argentina en un fuerte estado de vulnerabilidad frente a una amenaza de este tipo”.

Miguel Ángel Toma

Toma dice que a partir de allí “se abandonó toda investigación antiterrorista y se disolvió la estructura que se dedicaba a una prevención integral con una inteligencia que permitiera anticipar cualquier acción de naturaleza terrorista” y agrega que, “tampoco el actual gobierno ha hecho nada por revertir esta situación”.

En un contexto polémico y confuso, en el que hasta se mencionó su hipotética disolución, la AFI se encuentra en el ojo de la tormenta, acusada de espiar y extorsionar para beneficios particulares. Envuelta en escándalos, el control antiterrorista no parece ser una prioridad para aquellos cuya responsabilidad es encargarse del asunto.

“Los actores que debieran ser muy profesionales, están más concentrados en pinchar teléfonos y hacer operetas de prensa, que en trabajar en esto, que es básicamente la AFI”, sentencia Nicolás Dapena, integrante del DPA (Department of Political Affairs) del Consejo de Seguridad de la ONU, y afirma que “Argentina tiene un problema estructural que no resuelve, que no sabe cómo resolver, pero lo más importante, que no les interesa resolverlo”.

Nicolás Dapena

De esta manera, la situación parece ser clara. La Argentina tiene una falta de profesionalismo muy marcada a nivel de inteligencia antiterrorista.

Dapena, quien también trabajó en el Ministerio de Defensa, ejemplifica esta situación con el hecho de que “el director de antiterrorismo de la AFI está ahí porque es cuñado de un funcionario” y advierte que “si la Argentina no pone gente profesional y seria, va a pasar lo mismo que pasó con la AMIA, sin ninguna duda”.

También fue consultado Juan Bautista Yofre ( secretario de Inteligencia del Estado entre 1989-1990) pero dijo «desconcer la temática».


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