Viven: a 45 años de la Tragedia de los Andes

Experiencia


“Para nosotros fue algo simple de explicar, muy difícil de vivir, imposible de comprender”
(Gustavo Zerbino, sobreviviente de la Tragedia de los Andes)

El viernes 13 de octubre de 1972, 40 pasajeros y cinco tripulantes viajaban en el vuelo 571 de la Fuerza Aérea Uruguaya con destino a la ciudad de Santiago de Chile. El equipo de rugby Old Christians, formado por ex alumnos del colegio uruguayo Stella Maris, se dirigía a jugar un partido contra los jóvenes chilenos de Old Boys. Además de los jugadores viajaban algunos familiares; lo que nunca se imaginaron es cómo terminaría el viaje…

A 45 años del acontecimiento, así lo recuerdan algunos sobrevivientes:

“Aprendimos a fabricar agua , y nadie murió de sed. Aprendimos lo que es el calor humano y nadie murió de frío. Nos teníamos a nosotros y fuimos forjando de ese grupo humano una riqueza tal, hasta convertirlo en un equipo formidable, para dar y darse a los demás, solidario, sacrificado , misericordioso y con gran amor expresado en el comportamiento humano”.
(José Luis Nicolás Coche Inciarte Vázquez, sobreviviente)

“Mis amigos que se iban muriendo escribían cartas y yo me propuse la misión de traerle a cada familiar un recuerdo de quien no pudo volver; entonces, a veces, cuando me quería dejar estar, me acordaba que me había comprometido con ellos. Esas cosas que me conectaban con el amor me hacían olvidar de mí y me hacían estirar más el umbral y lograba cosas imposibles”.
(Gustavo Zerbino, sobreviviente)


Accidente

El jueves 12 de octubre partió el Fairchild Hiller FH-227 del Aeropuerto Internacional de Carrasco. El mal tiempo obligó a detenerse en el aeropuerto El Plumerillo, en la ciudad de Mendoza, Argentina, donde pasaron la noche. El vuelo continuó por la tarde del 13 de octubre despegando a las 14:18 (hora local) con destino a Santiago de Chile.

El viernes 13 de octubre se estrella el avión; el sitio donde cayó es una pendiente de los Andes que mira al este, a 3500 msnm, en el glaciar de las Lágrimas, en la alta cuenca del río Atuel, Mendoza en el centro-oeste de la Argentina.


Supervivencia

Fueron 72 días de supervivencia en las montañas congeladas, sin alimento, ni ropa adecuada. Se encontraban a 4500 metros de altitud con temperaturas que rondaban entre los 25 y 42 grados bajo cero (-25 a -42 °C).

“Los roles cambiaban todo el tiempo de acuerdo a la necesidad. Yo había estudiado 3 meses en la facultad de medicina y tuvimos que ser médicos en la cordillera. Después por tener las piernas sanas y ser deportista tuve que ser expedicionario y tuve que trepar la montaña casi 5800 metros de altura, sin cuernos, bastones, sin lentes y sin equipo de montaña trepamos una montaña que los andinistas no entienden cómo hicimos para hacerlo. Sabíamos que entre todos teníamos que lograr vencer el frío, estábamos todos apretados como el scrum. Yo le agarraba los pies con mis manos al de enfrente y cuando mis manos se congelaban era porque sus pies se estaban congelando y yo se los tenía que frotar para que él viviera”.
(Gustavo Zerbino)

La nutricionista, Lic. Alejandra Volpatti, explica que la altura y el frío producen un mayor gasto calórico. Además agrega: “el organismo intenta regular su temperatura en un equilibrio entre los 35 a 37° y para eso “quema calorías”. Como los seres humanos no generamos nuestra propia energía, consumimos alimentos. Cuando estos alimentos no ingresan, comenzamos primero consumiendo nuestra carga fija de glucógeno, que no dura mucho; luego comenzamos a consumir la grasa (que por un mecanismo indirecto forma glucosa) y por último nos “comemos” nuestros músculos, que están conformados principalmente de proteínas.”

El día número 11 los supervivientes escucharon por una radio que la búsqueda había terminado, que volverían por sus restos a fin de año.

“Nosotros le pedíamos a la Virgen fuerza para soportar lo imposible, rezábamos todas las noches el rosario para mantener la mente ocupada y por otro lado sabiendo que si vos te dormías no te despertabas, por lo tanto cada 5 minutos te llegaba el rosario de vuelta”
(Gustavo Zerbino)

“Descubrimos la importancia de la vida del otro para nuestra propia sobrevivencia. Y también nos dio en la cara lo único que importa: LA FAMILIA,  pues cuando estás en esa inmensa montaña te ves tan pequeño y sin nada material a prostituir, la familia es a lo único a la cual querés volver. Y fue entonces que hicimos lo impensable para lograr lo imposible; nuestros amigos muertos nos dieron la proteína y la energía para no morir de inanición. Fue una íntima comunión de cuerpo y sangre, emulando a Jesús en la última cena”.
(José Luis Nicolás Coche Inciarte Vázquez)

En esas últimas líneas, explica de manera sutil uno de los episodios más complejos de entender: para poder sobrevivir se vieron obligados a alimentarse de carne humana, es decir, de aquellos fallecidos.

“Pensábamos que peor no se podía estar; pero un 29 de octubre supimos que siempre se puede estar peor. Un alud o avalancha de nieve nos sorprendió a todos dentro del fuselaje, acostados  y bien apretados el uno con el otro. Otra vez en 16 días moriríamos , esta vez ahogados sin oxígeno. Fue ahí que me encontré con mi padre, fallecido 6 años atrás,  y sentí la mayor paz que conocí en mi vida. En el momento de abrazarme con el , mi amigo de en frente que tenia su pie en mi cara , se retiró y entró aire en mis pulmones y volví a la vida como un recién nacido, a través de un llanto”.
(José Luis Nicolás Coche Inciarte Vázquez)


La espera del otro lado

“Tenia entonces 22 años, Coche era todo para mí, mi amor y mi proyecto de vida! La noticia del avión desaparecido fue el golpe más grande de mi vida. Aquel mundo de ilusiones y felicidad se transformó en un mundo negro y oscuro muy muy largo. Las pocas comunicaciones que recibíamos de Chile, las hacíamos a través de un radioaficionado, Rafael Ponce de León, que nos abrió sus puertas día y noche para escuchar las noticias de la búsqueda por tierra y por aire, que siempre fueron negativas…pero que aún así, nos mantenían con esperanza.

La  pesadilla era despertarse de mañana y enfrentar el nuevo día. Rezábamos mucho pidiendo se nos regalara el milagro que aparecieran con vida. Hasta el momento nada nos indicaba que hubiera habido un accidente.

Y así pasaron 2 largos meses.. Mi vida ya no era la misma. Nunca mas lo sería… Hubo ciertamente un antes y un después. Nunca más fuimos los mismos”.
(Soledad, mujer de Coche Inciarte Vázquez)


Rescate

El 12 de diciembre de 1972, Nando Parrado, Roberto Canessa y Antonio Vizintín parten en busca de ayuda. Al tercer día de expedición, Antonio resbala y se lesiona, es por eso que deciden enviarlo de vuelta. El miércoles 20 de diciembre Parrado y Canesa, luego de haber caminado unos 59 km aproximadamente, llegan a la pre cordillera de San Fernando, al sector de Los Maitenes. Se encuentran con un arriero chileno, Sergio Catalán, quien les da comida y va en busca de ayuda. El sábado 23 finaliza el rescate de los 16 sobrevivientes.


El rescate del otro lado

“Y llegó el 21 de diciembre de 1972… Eran las 6 de la tarde cuando recibí la llamada de Rosina  Urioste de Strauch, sus palabras eran como una locura… Dos muchachos habían tirado una piedra a un arriero a través del rio Tinguiririca, y decían Ser Uruguayos!!! Todos mis signos vitales volvían con fuerza inimaginable. El asombro , el miedo y el pánico. Me resistía a ilusionarme…y rezaba dentro de mi casi a gritos por momentos no podía casi respirar. Ya no nos quedaban fuerzas…

Supimos que había 16 vivos! Pero 29 muertos…Esa cifra nos abrumó a todos! Cómo soportarlo? A las dos y media de la tarde del 22 de diciembre, de pie en la vereda de la calle Pujol, rodeada por multitudes de gente y canales de televisión, escuche la lista de los 16 que habían sobrevivido. Hasta el día de hoy, no me puedo explicar cómo el físico pudo aguantar escuchar esa lista, uno a uno… en cada uno se iba la vida…Y llego el numero catorce! Y fue Coche!!! Llorando desgarrada caí al piso. Era cierto! Coche estaba vivo!!! Pero junto a esa alegría inmensa, la tristeza de tantos amigos muertos. El precio había sido muy alto… Hasta hoy siento que tengo una deuda con Dios, con la vida y con los que murieron…y con los que caminaron, y con todos aquellos que hicieron posible que coche este hoy a mi lado”.
Soledad (mujer de Coche Inciarte Vázquez)

“Estábamos rodeados de muerte, la muerte era lo natural, la vida era imposible, para vivir había que voltearse, apretarse, había que hacer cosas extraordinarias”.
(Gustavo Zerbino)

“Cayeron como por arte de magia la codicia, vanidad, mentira y fueron sustituidas por el amor, el sacrificio, la pasión, el honor y el orgullo; valores que son la gloria del pasado del hombre”.
(José Luis Nicolás Coche Inciarte Vázquez)

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